5/5. Capítulo 1: Dos y uno

Era otra noche en la que él necesitaba afecto. No sabía si era afecto o si quería despejar su mente; olvidar, cambiar, tirar unos pasos o simplemente no acostarse temprano.

En el silencio de su casa, tomó el teléfono y pidió un taxi. Al subir le ordenó al conductor: -llevame a un lugar en donde me pueda divertir, elegí vos sin preguntarme. Pasaron 8 minutos y el taxista le indicó: – es acá, llegamos. Silenciosa y oscura esquina, sólo se podía ver una puerta que conducía a una escalera iluminada por una luz amarilla.

Al entrar el panorama cambió. El silencio se vio invadido por un sonido irresistible, sus pies se movían solos. Dejó la campera en ropería. Y la vista se perdió mirando unas piernas que seguían el ritmo de la música. Era rubia, hacía tarima, tenía una botas de caña alta, nada, una putita vieja, putita con cariño, en el fondo todos buscaban lo mismo esa noche, no sentirse solos.

Pensar que 15 minutos antes estaba en su casa, frente al televisor comiendo una porción de fainá recalentado. La noche parecía tirarle un guiño, aquel ambiente le empezaba a resultar familiar, caras conocidas, la decoración, cuando de repente escucha un grito: – ¡Pedro! ¿Qué carajo hacés acá boludo? Desde la barra, era “el rulo”, famoso cantinero del burdel Bárbara´s.

Verlo fue retroceder en el tiempo, se acordó de los amigos del barrio, de la primera vez que la puso, de la morocha que no se puede sacar de la cabeza; pero todo eso fue un segundo. Cuando se reincorporó estaba en la barra tomando una con él, tenían puesta una campera de cuero negra gastada, las canas que asomaban y los mocasines de siempre, lo miró y le dijo: – ¿qué hacés acá rulo?

A lo que él contestó: – lo mismo que vos, vengo para olvidar, para no recordar, para vivir, para ver pasar las horas. Vengo, ¡va! Ya no sé, ni cuántos días llevo encerrado en este lugar.

En eso, se apagaron las luces y la música también. Y en ese mismo acto instantáneo se prendieron las luces en el escenario y apareció un presentador anunciando: – Buenas noches gente linda. ¡¡¡Con ustedesssssss, Laaaa Borinqueeeennnnn!!! Acto seguido se le apersona aquella rubia que Pedro había visto al ingresar al son de: – ¿Bailás bombón? Pedro terminó su cerveza y dio el sí tomándole su mano.

La rubia no era la morocha, no era nada, no lo iba a hacer olvidar, hasta capaz le iba a hacer recordar, pero él esa noche sólo quería bailar. Bailaron dos y uno, ella prendió un pucho y a él se le estaba yendo el efecto del alcohol. Era hora de irse, ya había logrado su objetivo, no acostarse temprano. Se despidió de la putita vieja y bajó las escaleras cantando una de Denis Elias que decía algo así: -“por haberla dejado soy como un loco asustado…”

No era su canción favorita, pero le iba bien.

 

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